La prospección minera va sobre ruedas amparándose en una legislación que entrega los recursos naturales (bienes comunes), minerales críticos y estratégicos, pero muy pocas veces supimos advertir sobre la prospección biológica.  Aquella que descubre activos biológicos en millones de especies animales, vegetales y variedades genéticas diversas, que mayoritariamente abundan en ecosistemas y regiones de África, sudeste asiático y Sudamérica. El 75% de la biodiversidad existente en el mundo se concentra en estas regiones: el Norte agotó sus recursos, caladeros, bosques nativos, humedales.

Estados Unidos tomó la delantera. Dividió el mapamundi de la biodiversidad en zonas para explorar y explotar incluyendo a nuestro país, uno de los más importantes en biodiversidad templada-fría. Al comienzo trazó casi una docena de  equipos técnicos ubicados en siete estados norteamericanos donde sus universidades y laboratorios tienen el privilegio de concentrar la información. La Universidad de Georgia se ocupó de la región maya; Virginia se dedicó a Madagascar y Surinam; los de Minessota coparon Camerún y Nigeria y otras universidades concentran datos de Vietnam y Laos. Cada una de estas naciones cede a sus mejores, científicos e investigadores, mano de obra académica barata. Argentina y Chile, por ejemplo, cayeron en las garras de la Universidad de Arizona quienes utilizan al Instituto Nacional de Tecnología Agrícola en Argentina (INTA), la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, el Cenpat de Argentina, la Universidad Pontificia Católica de Chile y la Universidad Nacional Autónoma de Méjico, entre otros institutos y casas académicas.  Bosques nativos, selvas y  océanos guardan más de cien millones de especies aún desconocidas, hongos, plantas vasculares, insectos, microorganismos, etc.

La recolección al azar es uno de los tres métodos de bioprospección; la quimiotaxonómica en cambio permite recoger plantas que responden a familias de especies de las que se conocen moléculas claves y, por consiguiente, abandona especies desconocidas que pueden ser relevantes. El tercer sistema de bioprospección  es más ventajoso: consiste en  atrapar los conocimientos de los pueblos originarios quienes, con sabiduría milenaria, utilizan y mezclan plantas curativas ancestrales. He aquí otro de los grandes despojos: este conocimiento es otro tipo de oro que vienen a buscar y el que más barato les resulta.

El gobierno de los estados Unidos roba esta información mediante legislaciones y convenios regionales que impuso previamente, sometiendo a las poblaciones locales con  promesas de proyectos de ayuda e intercambio tecnológico, pero sin hacerlos participar de los beneficios de este cuantioso y dominante negocio. En 1995, el valor de mercado previsto para “derivados farmacéuticos de la medicina tradicional de pueblos indígenas representaba en todo el mundo 43.000 millones de dólares”, tal como publica Joaquín Jiménez Heau en  “ICBG: Laboratorio global o negocio redondo”.

Muchas organizaciones de derechos humanos intentan en vano defender la titularidad de estos conocimientos, pero “las comunidades indígenas no son consideradas sujeto de derecho; las empresas farmacéuticas, sí”.  El contrato entre el INTA de Argentina y la Universidad de Arizona, por ejemplo, exige recoger cien especies por año durante cinco años. Se envían a Estados Unidos, donde son investigadas y se patentan, controlando su gobierno el mercado de los medicamentos mediante un porcentaje de las patentes.

Es habitual leer en informaciones periodísticas cómo antropólogos, paleontólogos, arqueólogos se llevan importantes piezas de nuestros territorios, con decomiso diario de fósiles y gestión de autoridades en el tráfico ilegal. Pero hay más, el catálogo del saqueo, “vienen por el oro, vienen por todo”, incluye a plantaciones de transgénicos con el cuento de que “si queremos un agro competitivo, necesitamos de la biotecnología”. Devastamos nuestro agro y degradamos los suelos. Además, casi un millón de hectáreas de Benneton en la Patagonia, se visten con árboles de rápido crecimiento, en pos del negocio de los bonos verdes y de las factorías de celulosa. Curiosamente, el agua que escasea en el Norte y que nosotros tenemos en abundancia, es el agente promotor de nuestras desgracias, porque además de las plantas de celulosa otras mega actividades necesitan muchísima agua. En el mundo, por ejemplo, hay sitios dotados de minerales que no se pueden explotar por escasez de agua.

Hace 500 años se detectaban minerales a ojo, hoy con satélites. La teledetección es un método eficaz para que los riesgos de inversión y costos de búsqueda se reduzcan sustancialmente.  En 1900 Estados Unidos obtenía cobre 5% de ley; hoy a penas llega al 0,4% de ley. El planeta colapsa y el imperio no afloja continuando con igual o mayor derroche; cada habitante norteamericano consume por año casi 20 toneladas de minerales.

Padecemos las invasiones mineras porque los nuevos monarcas descubrieron la manera de extraer los minerales de baja ley, minerales críticos y estratégicos que faltan en el Norte, y que abundan en el Sur, a los que acceden dinamitando extensos ecosistemas, pulverizando rocas,  destruyendo glaciares, expulsando a comunidades y contaminando todo con una sopa química en las nacientes de los cursos de agua. Cuanto más baja es la ley del mineral, más cantidad de dinamita se necesita, mayores volúmenes de agua, más energía para movilizar equipos y plantas; cuanto más baja ley, más cianuro y ácido sulfúrico, más voladuras y más escoria arrumbada en los alrededores. Cada anillo de oro produce 20 toneladas de escombros.

Las transnacionales mineras pagan lo que quieren mediante declaraciones  juradas inmorales,  y aunque se les aumente el canon, no podremos evitar este crucial panorama: miles de proyectos que dejan un pasivo ambiental perpetuo. No es una, son cientos de mineras. Pueblo minero, pueblo mísero: viejo axioma del pasado. Sin embargo, vivimos las invasiones mineras como un proceso razonable de que los recursos están y deben ser extraídos de la tierra a cambio de trabajo y de paupérrimas monedas. Son recursos porque podemos recurrir a ellos, pero ¿debemos recurrir a ellos? ¿Quién lo decide, quién lo propone y por qué? ¿Con qué derecho justifican semejante impacto y dolo planetario si el 86 % del oro termina en las estanterías de los joyeros y la mayor parte del 14 % restante, en las bóvedas de los bancos? Sólo una minúscula parte del 14% restante se utiliza en la industria. ¿Recurrimos al recurso o en realidad al bien común? Recurrir…al ecosistema y destruir su complejidad para obtener los bienes que son comunes a todos. Las riquezas que habitan en el planeta no son recursos naturales, sino bienes comunes.     En el debate nos dirán que las viviendas, rutas, bicicletas y electrodomésticos, todo proviene de la minería y, gran parte, de la minería metalífera. De modo que -espetan eufóricos- es la irracionalidad y la demencia de algunos ecologistas que “nos quieren hacer retornar a la prehistoria”.

El lenguaje habitual del  ingeniero minero sólo entiende que, si hay, y es rentable, se saca, y no acepta la discusión sobre dónde, cuándo, cómo, cuánto, de qué modo y para qué. Sin formularse estas preguntas, se dedica a derribar montañas buscando minerales que ya sólo existen en polvo, minimizando el pasivo ambiental con cálculos que finalizan en las bolsas de valores del “primer mundo”.

Nos preguntan con frecuencia si el gobierno desconoce esto, si no hay forma de evitar tanto perjuicio. Y cada vez que disertamos haciendo estas referencias, insistimos con nuestro  discurso contra el saqueo,  ante funcionarios que vienen a escucharnos  tildándonos de fundamentalistas o de terroristas, que  giran la mirada cuando denunciamos que rigen vigentes las mismas leyes de Bush, de Menem y de sus secuaces, como el Tratado Binacional de Implementación Conjunta Argentino Chileno, que origina un tercer país en la cima de los Andes, arrasando con parques y reservas de biosfera como la de San Guillermo, en San Juan, o el proyecto Huemules sobre el Parque Nacional Los Alerces, en la cordillera chubutense. Este es el saqueo del que hablamos, de la prospección minera y de la bioprospección, 500 años después, es el que advertimos en septiembre de 2002 en la ciudad de Esquel proclamando que “vienen por el oro, vienen por todo”.

La respuesta de los pueblos latinoamericanos no es violenta; aún no es violenta, si bien el gobernante le teme a la concentración de multitudes como si previera explosivas revueltas en las barricadas de las comunidades afectadas por este flagelo social. Y no se equivoca.

Tecnología mortífera

La rebelión de los pueblos del Sur contra el saqueo del Norte, obliga al mundo desarrollado a replantearse formas más sutiles que le permitan continuar con la piratería, evitando enfrentamientos. Para ello alude a costosas campañas de prensa, corrompe líderes y caudillos locales, monopoliza medios de difusión, controla universidades e instituciones intermedias, tal como hace hoy en todo el país. Es una práctica habitual debido a los cuantiosos fondos negros y lavado de dinero que esta actividad utiliza. Barrick Gold anunció repartir millones de dólares entre los pobladores y regantes del Valle del Huasco en Chile y en agricultores sanjuaninos del Valle del Cura. Dinero que proviene -según explicó la firma- del IVA que nuestro país le devuelve a las transnacionales conforme a la ley vigente en minería, y que la compañía canadiense -generosamente- desea compartir tan solo por un par de años. Son tantos los beneficios, que resulta fácil corromper al pueblo con los propios fondos del pueblo, y  publicarlo  sin pestañear.  Así funcionan todas las empresas mineras del saqueo entre ellas, la que tomamos como ejemplo, Barrick Gold Corporation, la minera canadiense de la familia Bush, que no tuvo reparos en hacer público un “donativo” de sesenta millones de dólares a los regantes del Valle de Huasco, en Chile, para silenciar la destrucción de los glaciares y, al mismo tiempo, extorsionar con esa suma a cambio de que se le autorice el informe de impacto ambiental.

Las compañías mineras reparten becas de estudio, útiles escolares a comunidades empobrecidas; ambulancias, semillas y máquinas agrícolas. Construyen  faraónicos depósitos de agua atendiendo al temor que presentan los agricultores por la eventual escasez del vital elemento, también  canales de riego y caminos aledaños. Dan y ofrecen lo que haga falta porque los números siempre cierran al hacer las declaraciones juradas de los metales extraídos en boca de mina. Su lenguaje es el soborno. Las naciones que permiten este despojo consienten que las empresas hagan sus liquidaciones con vulgares declaraciones juradas. “El papel aguanta lo que le pongan”.

Al mismo tiempo, promocionan sistemas desconocidos de explotación minera sin en el empleo de tóxicos, anunciando que impulsan la investigación química con el propósito de mitigar los daños ambientales, previendo ulteriores planteos de las comunidades afectadas. Publicitan una “minería responsable”, sólo conocida por el empresario, con el único objeto de obtener la licencia para operar.

Independientemente de los aciertos y errores de esta estrategia, una batería de técnicos intenta defender los beneficios del uso de compuestos químicos como el cianuro de sodio en la lixiviación de rocas de oro, plata y metales diversos y deambula por el mundo pregonando una tecnología de punta limpia.

Los pueblos invadidos por la mega minería aprendieron también que legislar contra un compuesto químico, prohibiendo su aplicación,  significa aceptar otras fórmulas químicas iguales o peores en daños ambientales. En este error no se desea reincidir, como ya ocurrió con gobernantes que, cercados por sus pueblos,  reglamentaron leyes contra el cianuro, pero mantienen abiertas las puertas a la explotación destructiva a tajo abierto y al uso de otros compuestos como bromuro de sodio, ioduro de sodio, ácido sulfúrico, mercurio, etcétera, que serán utilizados en tanto sea rentable la obtención de los minerales. Mientras tanto, el saqueo de los minerales críticos y estratégicos no se discute. Todo parece reducirse a preocupaciones de ambientalistas y las respuestas -dice el saqueador- es poder demostrar contaminación cero.

Existen trabajos académicos y pruebas de laboratorio que apuntan a la degradación microbiana de cianuros (por ejemplo la tesis del Ingeniero Marcelo Rubén Bellini, Temas de Metalurgia Extractiva, Universidad Nacional de San Juan),  como una alternativa a la cuestionada tecnología de la minería actual. Sus textos no ocultan que “los cianuros son altamente tóxicos (venenos) para la mayoría de las células y especies vivas…y la polución por cianuros es de alto impacto en todos los ecosistemas y debe ser destruido por todos los medios tecnológicos posibles”.  Más tarde otros profesionales del sector dirán que no debemos preocuparnos porque hay cianuro hasta en la cereza.

Es de vital importancia hacer notar estas reflexiones porque las rubrican aquellos que precisamente ejercen el destino de la universidad que forma a los ingenieros mineros: la facultad de ingeniería sanjuanina. Son ellos los que afirman en sus claustros académicos lo que niegan o esconden después ante los ciudadanos movilizados que terminan enfrentando. Son los “científicos” que afirman que “el mejor camino para controlar ambientalmente a los cianuros es evitar su acumulación”. Escriben sin inmutarse que “las colas y efluentes derivados de las diferentes actividades mineras e industriales contienen cianuros, sulfocianuros y complejos metal cianuros que son, particularmente estos últimos, de difícil eliminación por métodos físico químicos comunes”, razón por la cual debemos intentar su destrucción mediante microorganismos que sean capaces de degradar cianuros rápidamente. En su tesis de maestría, Marcelo R. Bellini, confiesa que “se han desarrollado métodos para recuperar el cianuro y reciclarlo en la planta (acidificación, volatilización, A.V.R. etc.) pero su implantación implica altos costos de capital, alto consumo de energía y generación de cianuro de sodio altamente peligroso, razones por las cuales la regeneración de cianuro no se ha masificado como solución a la problemática  de contaminación por cianuro”.

Ninguno de los métodos conocidos resuelve  el problema grave de contaminación por cianuro y, para el ingeniero Bellini, la única manera consistiría en desarrollar la investigación microbiana, y en eso está gran parte de la comunidad científica de la especialidad.

Acerca de estas reflexiones no hay discusión. Las admiten los ingenieros mineros que trabajan para las transnacionales extractivas, el autor Bellini es uno de ellos.

Sobre el impacto ambiental minero a tajo abierto con dinamita, dique de colas, escombreras y el saqueo que vacía literalmente al país, al continente y a los pueblos desolados del Sur, nada dicen. Están ocupados y preocupados por hallar una fórmula que impida las protestas “ambientalistas”, término genérico que intenta confundir a los movimientos sociales ecologistas con el uso y vertido de contaminantes. Como si todo pasara por esto último. Pero mientras discutimos sobre el oro y el cianuro, desviamos cuestionamientos semejantes, de mayores proporciones. El saqueo del cobre, el uranio y gran parte de los metales, se acopian en un concentrado mediante lixiviación por ácido sulfúrico. El impacto ambiental es aún peor que en el caso anterior. Con lo cual las empresas se esfuerzan por desarrollar un método de bajo impacto ambiental y a la vez rentable que les permita facilidades extractivas. Recordemos que, sin  utilidades razonables, el mineral no existe, y el que hay en la actualidad es de baja ley, requiere altísimas inversiones que generalmente pagan los Estados, donde se lleva a cabo la extracción, a cambio de una oferta laboral miserable, cautiva.

Empresas y gobernantes insisten en llevar la discusión al plano único del uso de productos químicos letales y omitir planteos sobre el despojo de los minerales críticos y estratégicos, las leyes leoninas que se lo permiten y el método extractivo.

Hace poco, la transnacional canadiense IMA, que litigaba la propiedad de los yacimientos en Canadá con la también canadiense Aquiline, ( situación que aún tiene al pueblo argentino como estúpido observador de lo que decida la justicia canadiense), emitió una gacetilla de prensa, intentando formar opiniones favorables al proyecto Navidad, ubicado en inmediaciones de la localidad de Gastre, centro norte de la provincia de Chubut. “La compañía  -según se promociona- está satisfecha de dar a publicidad los resultados preliminares de los ensayos metalúrgicos que se realizaron usando tiosulfatos para lixiviar plata de concentrados oxidados de minerales de plata provenientes de Cerro Galena. El método consiste -continúa IMA- en oxidación a presión de los concentrados seguida de lixiviación a cielo abierto, con tiosulfatos”, y concluye: “estos resultados son importantes ya que el proceso podrá utilizarse en lugares  donde se exija el uso de reactivos químicos benignos desde el punto de vista medioambiental”. (Por lo visto – y leído- donde no se exija benignidad química  se podrá continuar con la sopa contaminante habitual). Ahora bien, las observaciones al texto de referencia, desnudan las reales intenciones de la compañía, que usa un lenguaje confuso hacia poblaciones de legos. Si leemos con detenimiento sabremos que el método consiste en “oxidación a presión de los concentrados seguida de lixiviación a cielo abierto, con tiosulfatos”. Es decir, se lixivia un concentrado mineral, no un mineral extraído de mina o cantera; “el mineral fue previamente tratado (y concentrado) -nos explica el ingeniero minero Hugo González- pero no mencionan el tipo de tratamiento que se realizó. Si es un concentrado por flotación, el mismo lleva consigo una gran dosis de productos químicos, y si se trata de sulfuros (de hiero o de plomo) este concentrado al que se refiere la minera contendría colectores, espumantes, modificadores  o depresores y “floculantes”. Todos ellos – insiste el ingeniero minero y docente, Hugo González- productos órgano metálicos de alta toxicidad, entre los que podemos encontrar xantatos, mercaptanos, cianuros, etc.

Viene a nuestra memoria la película documental sobre Bahía Chañaral, en Chile, los minerales por flotación y los relaves terminaron con playas, fauna, pesca, turismo, dejando un pasivo ambiental por décadas, destruyendo la calidad de vida de los habitantes, por generaciones.

Liberar metales pesados, drenajes ácidos, de la mano de la industria química es la única propuesta inocultable de la actual mega minería a tajo abierto. Los metales y metaloides con azufre, arsénico, antimonio, bismuto, selenio, teluro y otros, sumados al cóctel de otros compuestos para la obtención de los minerales,  son a penas una parte ínfima de la sopa química letal que se vierte inescrupulosamente en el medio y de la que dimos cuenta en numerosos artículos. El estroncio que portaba la cal de San Juan, el cobre, cromo y ácido sulfúrico, en los ríos Vis Vis Amanao y Dulce Salim, son algunos de los compuestos que figuran en las denuncias tucumanas y santiagueñas contra la actividad minera de “Bajo la Alumbrera”, en Catamarca. La empresa, con unos quince equipos de retrobombeo se empecina en recuperar los drenajes ácidos que salen del dique de colas de Bajo la Alumbrera; inútilmente. El propio ingeniero que diseñó Bajo La Alumbrera, Carlos Rudolph,  confesó que: “les dije que iba a ocurrir  eso” porque el lugar elegido para el dique de colas no fue el adecuado.

Empresas y gobernantes corruptos, intentan un nuevo discurso mientras se les sigue regalando a la mineras el subsuelo, dominio secular de los reyes coloniales, igual hoy que hace quinientos años. El territorio, hábitat y motivo de la actividad agrícola del hombre queda virtualmente arrasado, desfigurado, y envenenado para siempre, invitando a los pueblos a practicar el éxodo. La minería genera una de las mayores diásporas en el planeta y, ante esto,  viñateros y productores agropecuarios de las provincias de San Juan, Mendoza, La Rioja y de la tercera y cuarta regiones de Chile, cierran filas intentando impedir proyectos mineros amenazantes, avisando que no están dispuestos a perder culturas agropecuarias tradicionales, ni las tierras, ni el agua. El enfrentamiento está declarado, mientras  gobernantes y funcionarios sobornados siguen mirando hacia el Norte.

Convengamos que las invasiones mineras tienen el propósito de obtener  minerales, agotados en su lugar de origen. Su economía observa que el buen precio se debe a la escasez y a la demanda de un mundo cada vez más hacinado. Para el mundo desarrollado es prioridad continuar manejando el poder global y no permitir que otros lo intenten. Cada metro cúbico de concentrado, contiene minerales tanto o más valiosos que aquellos motivo de la explotación original, muchas veces no declarados debidamente, como molibdeno, renio, uranio, mercurio o las llamadas “tierras raras”, que tienen  un valor de mercado superior a los diez mil dólares por tonelada y de donde se obtienen insumos para la alta tecnología de las comunicaciones: el superconductor buscado, baterías del futuro.

A veces leemos que son sólo proyectos macroeconómicos de las transnacionales, queriendo ignorar la política de Estado globalizado que las empuja: dijimos, por ejemplo,  que el gobierno norteamericano se queda con un porcentaje de las patentes que se obtienen de la biodiversidad, de los activos biológicos hallados. La guerra del oro y del “coltan” en África, es otro de los ejemplos.

¿A qué vino Richard Miles a San Juan?

En ocasión de nuestras campañas contra las invasiones mineras en la región cuyana, tuvo lugar la presencia de un notorio agente del Departamento de Estado norteamericano y primer secretario de esa embajada en nuestro país. Nos preguntábamos entonces ¿a qué vino Richard G. Miles a San Juan?

A través de medios periodísticos cuyanos supimos que visitó la provincia de San Juan y que fue recibido por el vicegobernador  y presidente de la Cámara de Diputados, Marcelo Lima. La nota hubiera pasado inadvertida si no fuera porque abunda en consideraciones políticas alarmantes y datos que el propio Marcelo Lima se encargó de difundir: “Uno de los problemas básicos que presenta nuestra provincia es que el 80% de su geografía está constituida por montañas y serranías y sólo el 20% está destinada al agro”, sentenció el gobernante y agregó: “Es por esto que el proyecto agroindustrial que tenía la provincia anteriormente, esta prácticamente agotado. Esta situación -dijo Lima sin inmutarse- ha hecho que San Juan desde hace tiempo, incluso en otro gobierno, se proponga la extracción minera  como la posibilidad para que la provincia elabore una política de verdadera inclusión social.”

Es comprensible reconocer que, en este marco de sesudas reflexiones, aparezcan definiciones políticas después de recibir al secretario de la embajada norteamericana. El lector no necesita que le expliquen cuáles  fueron los temas tratados y las razones del visitante, preocupado como toda la administración del presidente George Bush, en apuntalar los planes de expansión minera y de los intereses, tanto personales como de la propia  potencia del norte.

Hay que reconocer -sin ironías-  que para el gobernante sanjuanino las montañas son un problema y su preocupación es convencer a su pueblo de que efectivamente además de que generan un problema, porque abundan, los amigos de USA las quieren explotar y hay que entregarlas; pero el dirigente no comenta los entretelones de la entrevista sino que su mensaje consiste en enfatizar el hecho de que las montañas son un trastorno y, en contraste, “el proyecto agroindustrial está agotado”. Ergo, hay que pulverizar la geografía sanjuanina, debemos crear más cráteres y socavones, y si es posible hacer desaparecer esa molesta cordillera que nos impide la vista al Pacífico. (La torpeza de tal pensamiento nos invita a la ironía como réplica, evitando discutir que en algún momento habremos acabado los minerales y con ellos el agua, el suelo y el futuro).

Uno quisiera enfrentar a estos señores, que además dicen que gobiernan y administran los intereses de su pueblo, y plantearles el clima benefactor de las montañas y de los glaciares de superficie o los encapsulados en las entrañas de la cordillera; contagiarles el concepto de que en sus cúspides, el macizo andino es una permanente fábrica de agua que escurre hacia los desiertos generando oasis y fertilidad y cuanta vida hay en sus valles y faldeos en ambas cuencas, la del Atlántico y la del Pacífico. Pero ¿servirá de algo intentar razonar con semejantes delincuentes políticos, capaces de repetir públicamente el discurso que trae el agente del Norte?

Veamos. Los productores agropecuarios, no sólo de la región cuyana, viven alarmados por el proteccionismo que el país del norte ejerce sobre sus productos. Esto parece no importarle al gobierno provincial. Tampoco que Mr. Miles sea un funcionario de la embajada norteamericana  del área político militar, cosa que él no esconde y que incluso se jacta de ello: “responsable de las políticas de lucha contra el terrorismo y de las relaciones exteriores de la Argentina”, centraliza toda la inteligencia  referida a “las provincias de Jujuy, Córdoba, Misiones y San Juan”. Nada menos que la región clave del acuífero guaraní, la zona noroeste que limita con Bolivia y Chile y posibilita saltar sobre Perú, el centro del país y, finalmente, la provincia cuyana donde se aplica por primera vez el Tratado de Implementación  Conjunta Minero Argentino Chileno, el territorio enajenado a ambas naciones para extraer, saquear, los recursos no renovables diseminados en la vasta extensión cordillerana, asiento de innumerables minerales críticos y estratégicos, como ya sabemos y venimos denunciando.

Se hallan tan enquistadas las ideas del saqueador que en un programa radial la pregunta formulada a César Gioja, senador y ex jefe de asesores del gobierno que ejerce su hermano, en la provincia de San Juan, produjeron desconcertante respuesta: “Hay que explotar la minería porque nos estamos quedando sin agua y en consecuencia no tendremos agricultura”. Como si para explotar la minería a tajo abierto y lixiviar las rocas no fuera necesario mayor caudal de agua que el utilizado por los regantes cuyanos, quienes además no necesitan destruir glaciares, ni desviar ríos, ni secar acuíferos, ni aplicar la sopa química contaminante de la minería metalífera que vienen a buscar las transnacionales del norte.

Cuando transmití esta información a la Federación de  Viñateros y Productores Agropecuarios de la Provincia de San Juan, la indignación y el asombro produjo exaltadas respuestas,  añadidas al desconcierto reflejado en los rostros de quienes certifican la calidad de los viñedos, manzanos y perales, que  acompañaban precisamente a los exportadores de estos productos en ocasión de una de nuestras disertaciones, días después de la visita del encumbrado funcionario de la embajada de los marines.

¿A qué vino Richard Miles?

Creemos que fue muy útil su visita porque pudo explicarle al funcionario argentino que “uno de los problemas básicos de San Juan es que hay muchas montañas” y esto hay que resolverlo.

¿A qué vino Hugo Llorens a Esquel?

Se trata de un Ministro Consejero de la Embajada de los Estados Unidos en la Argentina, ocupando el rango más alto dentro de la embajada de Estados Unidos en el país. En agosto de 2003, Hugo Llorens llegó a Buenos Aires desde Washington DC., con el cargo de Director de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad. Como Jefe de Asesores de ese departamento de inteligencia, fue el responsable de aconsejar al Departamento de Estado de la Unión, en todos los asuntos relacionados con Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y Ecuador. Anteriormente, se desempeñó durante tres años como Jefe del Consulado General de los Estados Unidos en Vancouver, Canadá. Allí fue el creador de una novedosa multi agencia denominada “Centro de Control de Aplicación de la Ley”, con apertura de oficinas del FBI, ATF, aduanas, servicio secreto y oficinas regionales de seguridad del Departamento de Estado en el Consulado con el objeto de trabajar conjuntamente con sus pares de Canadá en investigaciones de lucha contra el terrorismo y delitos internacionales. Antes de ser destinado en Vancouver, Hugo Llorens fue Subdirector de la Oficina de Política Económica y Coordinación de la Cumbre en el Departamento de Asuntos Interamericanos. En dichas funciones, Llorens cumplió un importante papel en el lanzamiento de las históricas negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en 1998.

¿Qué cargos ocupó Llorens?

Trabajó como Pro Tesorero en la División Internacional del Chase Manhattan Bank en Nueva York. Miembro del Servicio Exterior de los Estados Unidos desde hace 22 años. Director de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad desde el año 2002. Consejero de asuntos económicos, agregado comercial, coordinador de asuntos de narcotráfico y funcionario consular en América Central y del Sur, así como también en Asia. El Sr. Llorens obtuvo un Master en Ciencias de Seguridad Nacional en el National War College en 1997; un Master en Economía en la University of  Kent (Canterbury, Inglaterra), en 1980 y una Licenciatura en Ciencias del Servicio Exterior en Edmund A. Walsh School of Foreign Service, de Georgetown University, en 1977.

El desfile de encumbrados funcionarios a localidades de 30.000 habitantes ya no desconcierta. Después de las andanzas de Miles por el interior argentino, se unificó el discurso del gobierno contra los militantes del campo social; dejamos de ser terroristas ecológicos y pasamos a ser definitivamente terroristas y  “terroristas de los setenta”, apelativos que elevamos a la justicia con vídeos y testigos.  Con Hugo Llorens se extiende aún más la represión y se baja un dossier de desinformación intentando desarticular los movimientos sociales que comenzaron a proliferar en la Patagonia, después de la pueblada chubutense de Esquel. El objetivo: desautorizar y eliminar el activismo y funcionamiento de las asambleas populares. Dejamos de ser fundamentalistas y pasamos a ser terroristas. El Departamento de Estado juzga que América Latina se le va de las manos. A las naciones presididas por gobiernos populistas se le suma la actividad de innumerables movimientos sociales en el resto del continente, que levantan  banderas independentistas de  los países del Norte, que denuncian el saqueo de sus bienes comunes, y responsabilizan al primer mundo y a la Casa Blanca  en particular, por su  gravitación:  la mayor parte de las transnacionales mineras tienen su origen en países del “club de las islas” del príncipe Felipe, el consorte. Aparecen como canadienses pero se disfrazan con bandera de paraísos fiscales.

En definitiva, los funcionarios de USA vienen a fijar nuevas estrategias, nuevos formatos de vínculos que permitan el continuismo de su política exterior.

A partir de estas visita, tal como se juzga, el gobierno argentino recreó un mensaje político en torno al desarrollo de la industria minera; aparentemente abandonó el vapuleado término de sostenible o minería sustentable que le endilgaba a las empresas foráneas, reemplazándolo por el concepto de minería nacional a través de PYMES, donde los más acérrimos ingenieros y geólogos que critican la falta de control en esta actividad, comenzaron a tejer el discurso de que el “cianuro bien manejado es posible”. De modo que la minería transnacional podrá  convertirse en PYMES locales, se acepta discutir mayores regalías o impuestos a las ganancias y extraer minerales a escala pequeña, pero sin abandonar el método, esto es, utilizar el sistema de tajo abierto y lixiviación con compuestos químicos, pero ahora la minería la ejecutaría el país y no las transnacionales, o bien éstas últimas asociadas con medianas empresas locales, que ese es el propósito de la mutación empresaria.

Ante esto, la contradicción mayor de algún ingeniero minero arrepentido, consiste en denunciar los horrores contaminantes que ya produjo Bajo la Alumbrera, por ejemplo,  mencionando “la incapacidad de corregir y subsanar ahora ese desquicio y la imposibilidad de controlar la evasión de los minerales en general” (las declaraciones juradas). Y sin embargo, el mismo profesional  no titubea en afirmar, como ya dijimos, que “el cianuro bien manejado es posible”, tal como el diputado que sostiene que si les aumentamos algún impuesto deberíamos continuar con esta minería; como si todo se circunscribiera  a mejorar regalías que las propias mineras proponen conciliar evitando de este modo discusiones que perjudiquen sus groseras ganancias extractivas. Las compañías desean además ocultar la generosidad de la legislación minera vigente, sobre todo la puntual ley 24196 que prevé “estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años”, incluso ante cualquier emergencia económica del país. El actual orden jurídico minero les permite un despojo abierto y sistemático de los recursos -renovables y no renovables- de nuestro país, con incentivos fiscales  a la exploración y explotación de los minerales, subsidiada el agua, la energía y otros insumos, amén de las importaciones y exportaciones de estas corporaciones. Además se les regala un tercer país en la cima de los Andes, territorio que dejo de ser argentino y chileno merced al Tratado Binacional de Implementación Conjunta Argentino Chileno.

Rebelión

El activismo contra la mega minería  tiene varios frentes. Preocupa el de los personeros nacionales vinculados con las transnacionales, geólogos químicos y mineros que viven del estado, ingenieros mineros, docentes y universitarios de la minería. Se incluyen aquí a las cámaras del sector y a industrias nacionales extractivas menores, caleras, pórfidos, bentonita, etc., que generalmente padecen la presencia de la transnacional, como ocurre en Chile, incluso, con pequeñas y medianas empresas del cobre, pero que prefieren aceptar una política de estado que les brinda algún coletazo de bienestar productivo. En muchísimas ocasiones hemos disertado ante ellos comenzando nuestros discursos anunciando que el bolígrafo, los anteojos que usamos, y el edificio de esta convocatoria, provienen de la minería, para dejar establecido claramente de qué hablamos y de qué vinimos a hablar cuando denunciamos la perversidad del método extractivo y la invasión de las transnacionales mineras.

Por otro lado, una pléyade de ejecutivos del gobierno  recorre los mismos sitios de nuestros debates impidiendo que prediquemos el no rotundo contra el saqueo y la promiscuidad extractiva, amenazando a docentes y a estudiantes, impidiendo la difusión de películas, folletos y bibliografía. Esta práctica es semejante a la de las empresas mineras que editan libros y revistas apologéticas de su actividad para los distintos niveles de enseñanza, libelos que mencionan parte de las 250 fuentes naturales de cianuro para fundamentar su inocuidad, por ejemplo que hay cianuro en almendras, cáscaras de papa y de mandioca, puntas de bambú, porotos blancos, sorgo, cerezas, legumbres, coles y hasta en la misma alfalfa. La ridícula lista sigue interminable con el propósito de que se les permita arrojar miles de toneladas de cianuro de sodio en diques, tranque de relaves, piscinas kilométricas de relaves, con otros compuestos químicos que movilizarán metales pesados y más tarde los drenajes ácidos.  También  reparten becas, entregan algunas máquinas agrícolas en comodato, arreglan y pintan escuelas y hospitales, distribuyen dinero en instituciones intermedias, en juntas vecinales y a líderes locales. El método que usan, de convivencia en el medio, es el soborno, como dijimos  y, sin embargo, los pueblos afectados por la minería se auto convocan, manifiestan, producen documentos de denuncia, recursos de amparo ante la justicia, promueven audiencias públicas generalmente negadas, cacerolazos, piquetes, movilizaciones, y no se detienen ante las amenazas. Digamos  que el principal enemigo de estas organizaciones de lucha, está mucho más cerca, son aquellos auto convocados quintacolumnistas que mineros y funcionarios supieron corromper. Es tan obvio como necesario recordarlo, porque en la ciudad de Esquel hay decenas de denuncias, de intimidaciones, provocaciones e injurias, malos tratos y ataques a las personas y a la propiedad, ejecutadas por una “mano de obra desocupada de los servicios de inteligencia” y mercenarios extraterritoriales. El gobernador del Chubut promovió el arribo a Esquel de obreros de la construcción, del sindicato de la UOCRA, que terminaron siendo la fuerza de choque de la minera y del gobierno durante las jornadas del plebiscito acerca del proyecto Cordón Esquel. Son innumerables los casos de represión,  por ejemplo la primera barrera que impide el tránsito hacia la zona de Veladero y Pascua Lama, en San Juan, la controla Barrick Gold mediante un grupo de mercenarios de otras latitudes, australianos y neocelandeses. Gendarmería Nacional, en las alturas andinas, es una figura decorativa porque el control general lo ejerce la Corporación Barrick Gold y  del mismo modo ocurre en todos los países donde opera esta mafia minera.

Productores agropecuarios, grandes bodegueros, pequeños artesanos vitivinícolas,  exportadores agrícolas van de la mano con piqueteros, pobladores originarios, profesionales, instituciones intermedias, empresarios de turismo y vecinos auto convocados, planteando que el agua vale más que el oro,  rechazando la minería contaminante y difundiendo antinomias como “malbec o cianuro”, “agua mineral o sulfúrico”por citar ejemplos publicistas  de la imaginería popular, en defensa de los glaciares y las cúspides heladas, paradigma de las altas cuencas hídricas, auténticas fábricas milenarias  de agua.

Esta conjunción de fuerzas permite participar de foros, realizar asambleas, congresos y discutir formas de acción. En uno de los últimos encuentros realizados en la ciudad de Mendoza, confluyeron representantes de Chile, del Valle de Huasco, Vallenar, con miembros de organizaciones no gubernamentales de Argentina, de la sociedad civil, grupos de base de la Patagonia y de la región cuyana, del Valle de Uco y San Rafael de Mendoza, de la provincia de San Juan,  instituciones públicas de ambos países, miembros de la pastoral social de la iglesia de Chile y Argentina, y ciudadanos y vecinos de ambos países. Se acordó conformar una coalición argentino chilena sin exclusiones, pronunciándose específicamente contra los daños ocasionados en ambos países debido al complejo minero de Veladero, Penélope y Pascua Lama. Se trata de una coalición entre estas dos naciones, de organizaciones de base, para coincidir de manera conjunta en acciones concretas contra la “minería metalífera contaminante y el saqueo sistemático y robo de los recursos naturales”, conceptos refrendados por los participantes que asistieron al foro. Al mismo tiempo se decidió avanzar hacia la consolidación de asambleas populares, audiencias públicas y consultas populares sobre la cuestión minera y el saqueo de los bienes comunes con el objeto de debatir estos temas e instalar nacional e internacionalmente el preocupante flagelo que envuelve a los habitantes damnificados de los dos países. Como ya se ha dicho, en la tercera región chilena y en la provincia argentina de San Juan, se aplica por primera vez un “tratado de implementación conjunta” entre ambos países andinos, generando un tercer país en la Cordillera de los Andes que es manejado  por las transnacionales del despojo. En aquella ocasión, 24 de marzo de 2006, quedó constituida una red abierta con diferentes vías de comunicación entre todos los involucrados y se fijaron estrategias.

En la ciudad de San Rafael, en Mendoza, funciona hace tiempo la Multisectorial que reúne a todas las fuerzas vivas de la población, sin excepción,  con el único propósito de impedir la reapertura de la mina de uranio y exigir la urgente remediación de los yacimientos explotados en Sierra Pintada. Cuantiosos viñedos y bodegas viven pegados a la explotación uranífera.

En San Carlos, Valle de Uco, las asambleas mendocinas de auto convocados son la herramienta de unión y lucha contra eventuales prospecciones mineras. Por lo pronto se consiguió extender el área protegida, con un concepto de “reserva” o intangibilidad.

En Catamarca, el drama que viven las poblaciones en inmediaciones de Bajo la Alumbrera, produjo movilizaciones y presentaciones ante organizaciones de los derechos humanos, derechos avasallados por gobierno y empresa. Las poblaciones de Andalgalá, Santa María y Belén, denuncian sistemáticamente la grave contaminación de que ya están siendo objeto y el irreparable daño social. El objetivo además es impedir Agua Rica, un proyecto que cuadruplica al de Bajo la Alumbrera y potencia el daño. Chubut y Santa Cruz, reafirmaron la resistencia de Esquel que, como se sabe, no cesa en movilizaciones los días cuatro de cada mes, a pesar de haber obtenido un rotundo triunfo contra la minera canadiense Meridian Gold: con casi el 82 % de los sufragios, en un plebiscito,  se opuso a la explotación minera de oro y plata en el Cordón Esquel. En La Rioja, “El Famatina no se toca” porque las asambleas de ciudadanos se congregaron para impedir que Barrick Gold reabra la vieja mina La Mejicana demoliendo las emblemáticas montañas que fabrican un hilo de agua de escasos 760 litros por segundo de promedio.

Mientras tanto, en la región austral quedó conformada una Asamblea Coordinadora Patagónica que comprende a las asambleas de Chubut, de la Comarca Andina, de Santa Cruz, Tierra del Fuego, Neuquen y Río Negro. En esta última provincia, en Ingeniero Jacobacci, las movilizaciones obligaron a intervenir al ejecutivo provincial a sancionar una ley que impide la explotación minera con el uso de cianuro. La coordinadora patagónica aprobó enlazar su lucha con el resto del interior del país y con todas las comunidades afectadas por la minería, mediante un documento y acciones conjuntas. Y finalmente se formó la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), para articular las luchas  de todos los colectivos y movimientos sociales del país, en principio sobre la base de las asambleas de la Cordillera de los Andes y las del litoral.

Rebelarse contra el saqueo supera cualquier hipótesis de dignidad. Va más allá de mayor o menor contaminación, porque a medida que se avance con esta resistencia generalizada, las respuestas habrán de adquirir mayor dureza. Cuando adviertan que no hay grados de sutilezas ni estrategias que convenzan, es probable que no tarde en aparecer la estigmatizada África del oro y del “coltan”, con millones de muertos en revueltas provocadas por mercenarios del poder global, transitando el camino petrolero de Irak. No hay un solo país de América Latina que no sienta el dominio del invasor, oculto casi siempre en ofrecimientos de ganancias ficticias y de ofertas laborales. Muy pronto, los caballos troyanos podrán estar a nuestras puertas. Los pueblos del sur se preparan para “atender” al invasor que desea el oro, el agua, los minerales críticos y estratégicos, las “tierras raras”, la diversidad biológica, la biotecnología, el dominio de las patentes, el territorio, el poder del conocimiento, la hegemonía del poder.  Desea todo y para entonces, ¿pasaremos al estrato superior de la rebelión, aunque amemos desesperadamente la paz?